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lunes, 15 de noviembre de 2010

Sin vergüenza

Unos cuantos días después (no uno, ni dos, ni tres) el sufrido adalid de la independencia de la patria guanche y prócer de Tenerife, führer indiscutible del periódico azul que se gesta, cual Alien en un infectado hospedador, en la santacrucera Avenida de Buenos Aires, y su manípulo de editorialistas han decidido, por fin, lanzarse al vacío y comentar lo ocurrido en El Aaiún a manos de los gendarmes y soldados marroquíes. Cualquier persona medianamente cabal y con un mínimo de entrañas habría, cuando menos, criticado la intervención de las autoridades del reino alauita sobre un conjunto de civiles saharauis que, a lo sumo, podían defenderse con piedras, palos y redaños. Máxime cuando esas mismas voces dicen repudiar a execrar la violencia. Pero no: fieles a su cita con la calamidad periodística, a Gary Baldi y sus secuaces sólo se les ha ocurrido servirse de los funestos sucesos que han tenido lugar a muy corta distancia de nuestras orillas para arrimar el ascua a su sardina, chicharro, pez porro o lo que sea. Ni una palabra de condena para los marroquíes, y por supuesto, ni una sílaba de apoyo en favor de los infelices que cayeron víctimas de la brutal represión marroquí. Pueden seguir el emético texto aquí, si lo desean, aunque no lo recomiendo. Permítanme que desmenuce un poco más su contenido:
  • Los acontecimientos internacionales nos están dando la razón de forma pavorosa, porque es para sentir temor ante el futuro inmediato que nos espera si antes, es decir, de forma inmediata, no nos convertimos en un país soberano con bandera y asiento en los foros internacionales. Un país que no sea susceptible de ser anexionado en cualquier momento por Marruecos. Alguien puede pensar que exageramos, pero, ¿qué está ocurriendo en el Sahara?
  • ¿POR QUÉ ha ocurrido lo del Sahara en estos días? Sencillamente porque el Sahara era una colonia que perdió su condición de tal y pasó de depender de un país que está en otro continente (algo completamente absurdo), a estar integrada en la nación que tiene a su lado. Porque el Sahara era una colonia, aunque sus habitantes tuviesen carnet de identidad español y contasen con sus procuradores en Cortes con sus turbantes y sus chilabas; es decir, con un remedo de los actuales Perestelo y Oramas en las Cortes del Rey Juan Carlos. Podemos decir que el Sahara está siendo la punta del iceberg de lo que puede suceder aquí, en este Archipiélago, en cualquier momento.
Quien busque en el texto reprobaciones a los marroquíes o voces en pro de los machacados saharauis perderá, repito, su tiempo. En cambio, hallará desafinadas y estridentes loas a los independentistas canarios, un completo carillón de las habituales y patéticas soflamas con las que bombardea un día sí y otro también a sus sufridos lectores, y memeces de calado diverso, todo ello aliñado de una buena dosis de miedo al moro. ¿Dónde quedan esas proclamas acerca de la autonomía que nos darían los marroquíes en caso de convertirnos en una de sus provincias? ¿Dónde la dignidad con la que generosamente nos obsequiarían Mohamed VI y sus testaferros?

No pongo por escrito el torrente de calificativos que pugna por salir de mi boca para este personaje, sus catetos cómplices y su patético discurso. Tan sólo señalo que este editorial únicamente puede escribirlo un individuo que desconoce por completo lo que significa la vergüenza. Quizás porque nunca la ha tenido.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Día D más uno

Hoy ni siquiera añado un vínculo al editorial/comentario de hoy en El Día. Tan sólo hago la breve constatación de que los señores editorialistas de este periodicucho (osea, Gary Baldi y sus camisas azules) siguen sin hacerse eco de lo sucedido ayer en El Aaiun ofreciendo, en su lugar, un obsceno ejercicio masturbatorio de autobombo, sazonado con una mesiánica presunción de santidad.

Seguimos esperando (casi con toda seguridad en vano) que dejen de una vez de tirar voladores para distraer al personal y entren, si es que las gónadas les dan para eso, a valorar las consecuencias de esa amplia autonomía de que disfrutan nuestros hermanos del Sahara Occidental de parte de sus gestapos marroquíes, y que según El Día tendríamos nosotros, los canarios, en caso de ser asimilados por la dictatorial monarquía alauita.

Insisto: seguimos esperando.

martes, 9 de noviembre de 2010

Hediondos fuegos de artificio

Ayer, fuerzas de seguridad y soldados marroquíes irrumpieron por la fuerza en un campamento saharaui instalado en El Aaiún en una operación de desalojo a gran escala., y no hay que descartar, conociendo al implicado, la posibilidad de una auténtica matanza. De momento es muy difícil conocer el balance de víctimas que han resultado de esta agresión, una más, guiada por la mano fascista y cobarde de las autoridades del reino alauita. De hecho, es posible que jamás se sepa con exactitud, dada la opacidad de nuestros vecinos en todo cuanto atañe a lo que ellos, eufemísticamente, llaman Provincias del sur. Y también quedará este infausto incidente como un borrón, también uno más, en la conciencia de las autoridades españolas que abandonaron a los saharauis a su suerte en manos de los verdugos marroquíes hace tres décadas y media.

Permítame el lector que recuerde algunas palabras de los editoriales y comentarios de El Día a lo largo de los últimos meses:
  • (...) el Gobierno de Rabat declarará que incorpora Canarias a su Administración política. En pocas palabras, de la noche a la mañana pasaremos a ser una provincia marroquí. Quizás, si tenemos suerte, con una amplia autonomía, pero provincia marroquí con todas las de la ley. [21 de junio]
  • Un desastre sería, en efecto, que dejemos de ser una colonia de España para convertirnos en una provincia marroquí. No porque Marruecos sea peor como país que España. En muchos aspectos lo consideramos más digno, entre otros motivos porque no tiene a sus espaldas un pasado de genocidios (...) y porque su Gobierno defiende los intereses de sus súbditos, cosa que no hacen los políticos españoles, más pendientes siempre de sus bolsillos [8 de agosto].
  • Con este escenario internacional, (...), seríamos una provincia marroquí de la noche a la mañana. Tendríamos toda la autonomía del mundo porque el Gobierno marroquí sería mucho más generoso con nosotros que el rapiñador Ejecutivo español (...). [20 de septiembre].
  • El Sahara será autónomo, pero jamás será un país libre como quieren sus habitantes. Lo mismo ocurrirá con Canarias cuando Marruecos nos anexione. Tendremos mucha más autonomía de la que actualmente disfrutamos, pero no seremos una nación. [26 de septiembre].
  • YA no sabemos, si esta situación de dependencia colonial española se prolonga, qué sería mejor: seguir siendo perros rampantes lamiendo la corona española o súbditos marroquíes con autonomía total al formar parte de Marruecos como una de sus provincias. [31 de octubre].
Lo que el 21 de junio era una afortunada y esperanzadora posibilidad, se convirtió en certeza después: en caso de ser incorporados a ese digno país llamado Marruecos (que no tiene pasado sino presente de genocidios), gozaríamos de una amplia autonomía, tan amplia como la de los saharauis, y mejor que la que disfrutamos siendo españoles. Pues bien, cabría plantearse si el editorial/comentario/pastoral de hoy se hace eco de lo ocurrido ayer en El Aaiún. Y claro que no: que si el candidato a la alcaldía de Santa Cruz, que si el Parlamento de Canarias es esto o lo otro, que si ataques a la jueza de siempre, y una delirante traca final en la que se mezclan el Papa, la libertad, los canariones y el patriotismo. Pero de lo sucedido ayer, nada. Osea: fuegos de artificio, cohetes o voladores, como se prefiera.

Permítaseme emplear una expresión muy canaria para calificar algo así: hediondo. Que es buen castellano, y designa a aquello que huele mal, que apesta, que hiede. Pero también a aquello que resulta sucio, repugnante y obsceno, tal y como nos recuerda la RAE. Es justamente lo que me provoca leer (o mejor dicho, no leer) las obscenas estupideces de este repugnante diario. No dudo que, antes de reconocer la metedura de pata, persistirán en sus obscenas mentiras, o tal vez emplearán lo ocurrido para meter más miedo al moro. Porque de gentuza así es lo único que cabe esperar.

Como bien diría don Francisco de Quevedo: ¡¡habría que ventosearles en la cara!!

lunes, 20 de septiembre de 2010

¿Quién teme al moro feroz? (2a parte)

Las cabezas pensantes de nuestro diario más vendido (en todos los sentidos) han hallado un filón inagotable para tamborilear sus notas en pro de la independencia de nuestro sojuzgado pueblo. La imaginación al poder, pues el recurso permanente a la misma cantinela (la distancia a las costas de Cádiz) terminaría por aburrir al lector hasta inmunizarle frente al mensaje. Algo parecido a quien escucha el parte diario de defunciones en un centro hospitalario, por ejemplo. Cosa de todos los días, realidad cotidiana que por fuerza acaba por no conmover a quien la percibe, posiblemente a su pesar. Pues bien, para que esto no suceda a los señores de El Día les ha dado, curiosamente, por resucitar uno de los miedos atávicos más antiguos de España: el miedo al moro, que se remonta a la Edad Media y los tiempos de las razzias del visir cordobés Almanzor, llamado El Victorioso. Ya he tenido ocasión de hablar de ello en otro post. Pero en la edición de hoy se vuelve a la carga sobre el mismo tema, con el estilo ramplón, contradictorio, falaz y zurupeto de siempre. Digo esto último porque la sensación permanente que destilan las líneas del editorial hacen pensar que el autor no es ni será nunca un periodista, sino un intruso de la profesión. Me permitirán que, por esta vez, no reproduzca siquiera parcialmente los contenidos. Sólo me limitaré a resumirlos y comentar por qué, en mi humilde opinión, no deben ser tenidos en cuenta.
  • Uno: Marruecos puede exigir la soberanía de las Islas Canarias por una razón de cercanía, tal y como ha exigido la de Ceuta y Melilla. Puede que lo haga, pero no tiene razón de ser, toda vez que Marruecos no puede reclamar lo que jamás ha sido suyo, de modo que no es probable que las Naciones Unidas tengan en cuenta los delirios de la monarquía alauita. Por otro lado, la lista de la ONU de territorios a descolonizar (uno de los argumentos a los que más se aferran Rodríguez et al. para apoyar sus tesis) no incluye a Canarias, Ceuta o Melilla, ni al Peñón de Vélez de La Gomera, ni las Islas Chafarinas, ni el Peñón de Alhucemas, ni siquiera el famoso islote de Perejil. En cambio, sí incluye a Gibraltar.
  • Dos: El ejército español no hará nada por defender Canarias, por culpa de los socialistas, que lo han convertido en una Oenegé. Potaje de berros. Una cosa es que el ejército español haya participado en operaciones humanitarias o como fuerza de interposición, y otra bien distinta que haya ido a recoger setas. Sin ir más lejos, las tropas españolas destacadas en Afganistán (como en su día las de Irak u otros lugares del mundo) se están jugando la piel un día sí y otro también, armas en mano y repartiendo balazos, pues se hallan en zona de guerra. El ejército español (que vuelve a levantar la inquebrantable y empalagosa adhesión de El Día) no es una oenegé por no emplearse directamente en misiones de combate: sería tal de creer las versiones oficiales que pretenden pintar una realidad edulcorada de su realidad. Pero nada más.
  • Tres: Vivimos en aguas territoriales marroquíes. Falso, ya expliqué por qué. La declaración de Zona Económica Exclusiva de Marruecos no es un salvoconducto para hacer reclamaciones territoriales de ningún tipo. Además, aceptar esta idea supone reconocer la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental, algo que las Naciones Unidas no han hecho.
  • Cuatro: Al menos, siendo provincia marroquí gozaríamos de amplia autonomía, como sucede con el Sahara. Esto mueve a la risa, por patético. A Abdul Rodríguez (una vez naturalizado marroquí) no le quedaría más alternativa que empalagar al Rey de Marruecos como hace con la Virgen de Candelaria, aplicándose cuidadosamente en cada acción. Porque el derecho a la libre expresión que viola sistemáticamente el jefazo de El Día con sus insultos y mentiras no existe en el país vecino. Que le pregunten si no a doña Aminatu Haidar por esa amplia "utonomía" que Marruecos ha otorgado al Sahara.
  • Cinco: Francia y Estados Unidos apoyarían inmediatamente cualquier reclamación marroquí en el seno de la ONU. Si así fuese ¿por qué esperar a este preciso momento? ¿Por qué Marruecos no ha planteado esa misma reivindicación antes? ¿Por qué no somos ya marroquíes? ¿Cuál es la diferencia entre el antes y el ahora? ¿Por qué este momento es distinto?
  • Seis: El ejército marroquí es superior al español. Si es así, ¿por qué no fueron los marroquíes más contundentes durante la crisis del famoso islote Perejil? El gobierno de España puso entonces en alerta al ejército, a las fuerzas aéreas y a grandes unidades navales. ¿Reaccionaron los marroquíes con una escalada bélica? No. ¿Por qué ahora sí?
La solución, como ya habrán adivinado todos, es constituir las islas en un estado soberano e independiente. Pero aquí viene lo que EL DÍA no cuenta a sus lectores, ni lo hará jamás. Una vez constituidos en estado soberno, ¿qué impediría a Marruecos llevar a cabo la anexión de Canarias? ¿Cómo y con qué podrían las islas constituir unas fuerzas armadas capaces de disuadir a los marroquíes de una agresión? ¿En cuanto tiempo se formaría ese temible ejército y con qué medios contaría? ¿Quién impediría que la república canaria se convirtiese en el estado más efímero que jamás haya existido?

No sé ustedes. Yo sólo le tendría verdadero miedo al moro si estas islas siguen alguna vez los oscuros designios del Mencey Loco y sus voceros. Por ahora, y para que todos me entiendan, permítanme que cante desde estas líneas: ¿Quién le tiene miedo al moro, miedo al moro, miedo al moro? ¿Quién teme al moro feroz?

¡Tra-la-la-la-lá!

domingo, 5 de septiembre de 2010

¿Quién teme al moro feroz?

Una de las majaderías más recientes del periódico azul es la de intentar asustar a los lectores, arguyendo que nuestros vecinos marroquíes pueden anexionarnos a su reino cuando así lo deseen, so pretexto de que nos encontramos dentro de su Zona Económica Exclusiva. Una amenaza de la que sólo nos veríamos libres, claro está, una vez conseguido nuestro estatus de respetabilísima república (¿bananera?) independiente. Esta es, a juicio de nuestro anciano camarada Rodrigov, una razón de peso para dejar que los marroquíes sigan machacando a su antojo a los saharahuis, no sea que los vecinos se enfaden y nos invadan sin más. Eso sí: si somos una nación independiente no sólo estaríamos completamente a salvo de las supuestas ansias expansionistas marroquíes, sino que además seríamos poco menos que el reino de Saba. El cuento de casi siempre.
Tal estado de opinión surgió el miércoles pasado, a raíz de las agresiones que un grupo de ciudadanos españoles sufrió a manos de presuntos civiles marroquíes indignados por su reivindicación de libertad para el pueblo saharahui, una libertad que Marruecos les sigue negando desde hace treinta y cinco años. Para los marroquíes, el antiguo Sahara español es una provincia más, y les resulta inadmisible que se tracen las fronteras que le separan del reino alauí. Puedo decirlo con pleno conocimiento de causa porque lo he visto con mis ojos. ¿Que las Naciones Unidas dicen lo contrario? A tomar viento. Ahora bien: el Sahara está bajo soberanía marroquí de facto, pero no de iure, toda vez que la comunidad internacional no la ha reconocido. Incluyendo a España, por cierto, por más que su actuación en este contencioso haya sido más que deplorable, dejando a los saharahuis abandonados a su suerte, dicho sea de paso. Al día siguiente, jueves 2 del corriente, El Dia volvió a lo mismo, fiel a su estilo, pero añadió una interesante coletilla:
  • Lo repetimos: si Marruecos se inflama, el fuego llega a Canarias. Marruecos nos puede declarar provincia suya cuando quiera, y el mundo le dará la razón, porque Canarias no está en territorio español; está en las aguas jurisdiccionales y en la Zona Económica Exclusiva de Marruecos. Insistimos en esto una y otra vez porque no se trata de la mentira repetida mil veces, sino de la verdad repetida mil veces para que seamos conscientes del riesgo a que nos tiene expuesto el egoísmo español.

Resulta la mar de curioso que el amigo José Rodríguez aluda a la mentira repetida mil veces, una figura a la que este humilde autor ha recurrido para calificar los argumentos empleados en los editoriales y comentarios de El Dia en apoyo de su delirio independentista. Pues en opinión de quien escribe, no son más que un conjunto de mentiras que, por repetidas, se pretende implantar en la sesera de los lectores. Táctica pura y dura de propagandistas nazis, o sea. ¿Será que los ojos de nuestro sin par Garibaldi se han fijado en este blog? No esperaría semejante honor, la verdad.

En el editorial de hoy, y entre el habitual potaje de asuntos que provocan los sinsabores, indignación y lamentos del Denunciador de Santa Brígida, se puede leer una entrega más del culebrón marroquí. Y me viene a la mente la tonada que, despreocupados, cantaban los Tres Cerditos en las pelis de Walt Disney: ¿quién teme al moro feroz, al moro, al moro? Ojo, que el término moro no es xenófobo, pues deriva del latín maurus, que es como los romanos llamaban a los habitantes del Atlas y a las tribus beréberes de Mauritania por el tono oscuro (moreno) de su piel. Aquí va el texto en cuestión:

  • (...) Marruecos cuando quiera nos convertirá en una de sus provincias. Y tendrá todas las bendiciones de la ONU y del mundo, porque Canarias no es tierra española ni tendrá protección española porque no puede tenerla. Geográficamente, Canarias es una nación (hoy es una colonia, pero las colonias tienen que desaparecer aunque estén disfrazadas de comunidad autónoma) en la que todavía quedan residuos de españolidad, de españolistas y españolistos. Pero si esa calidad de nación no se materializa en un Estado soberano tras la independencia, Marruecos puede anexionarnos con un simple decreto porque estamos en sus aguas jurisdiccionales y en su Zona Económica Exclusiva. El caso es que como nación, y en virtud del Derecho Marítimo Internacional, tendríamos una extensión de ¡700.000 kilómetros cuadrados de mar!

Una vez leído el parrafito, me puse a investigar. Pues no es que me vaya a creer lo que dicen estos señores sin más. El concepto de aguas jurisdiccionales es algo difuso, pues viene a ser la superficie marítima (así como el lecho y el subsuelo marinos, si fuera el caso) sobre el que un determinado país tiene algún tipo de jurisdicción. Y aquí viene una distinción muy interesante: se habla de Zona Económica Exclusiva (ZEE) como si ello fuese equivalente a hablar de aguas marroquíes. Y como era de esperar, no es cierto. La ZEE abarca una distancia de 200 millas marinas contadas a partir de la línea que delimita la costa del país, pero los derechos del país ribereño sobre su ZEE se limitan a la exploración y explotación de sus recursos, y siempre que ello no entre en conflicto con las aguas de un país vecino, como sería nuestro caso, pues en ese caso se deberá adoptar algún acuerdo bilateral o, en última instancia, acudir a los tribunales internacionales. No se trata por tanto, como parece que se quiere hacer creer, de aguas de plena soberanía, sino sólo de soberanía limitada. Las aguas de plena soberanía se circunscriben a 12 millas marinas contadas a partir de la línea de costa del país ribereño, siendo lo que se llama Mar Territorial (artículos 2 y 3 de la Convención del Mar de 1982). Es decir, que si Marruecos nos invadiese alegando que estamos dentro de su ZEE cometería un acto de agresión contra un país vecino y violaría flagrantemente la legalidad internacional.

Pero vamos a más. Resulta que, para que poder afirmar que nos hallamos dentro de la ZEE marroquí, es condición imprescindible reconocer la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental. Si no, no hay ZEE que valga, y un solo vistazo a los mapas y las fronteras basta para confirmarlo. Resulta que la comunidad internacional niega la mayor a Marruecos, pero El Dia no:

  • Hoy queremos mejorar nuestras ideas contenidas en ese párrafo preguntándonos por qué esos mismos que desplegaron pancartas pidiendo la independencia del Sahara, y para ello tuvieron que desplazarse a través de un transporte marítimo o aéreo a esa provincia marroquí (hasta que la ONU decida), por qué esos mismos, como decimos, no han desplegado otras pancartas en Tenerife (o en cualquier lugar de Canarias) pidiendo la libertad del pueblo canario. ¿Por qué los saharauis tienen derecho (que lo tienen) a ser libres y los canarios no? Al menos los saharauis ya están en los foros internacionales pidiendo un veredicto. Incluso si lo perdieran, su autonomía sería completísima. La nuestra no porque nos domina otra nación que existe en otro continente, que es la que nos da órdenes y exige el derecho de pernada política sobre hombres, mujeres, niños y niñas.

En otras palabras, José Rodríguez y sus secuaces no quieren ver que el Sahara no es una provincia marroquí, y no quieren ver que en Marruecos no existe la libertad de expresión para el pueblo saharahui y que esa sola razón (no la única, por cierto) basta para justificar sus pancartas. Conocen la monstruosidad que afirman, desde luego, pero pretenden darle la vuelta a la tortilla. Y yo vuelvo a preguntarles: ¿por qué ustedes, cobardes, se pliegan de esa manera a los atropellos actuales de Marruecos sobre los saharahuis? ¿Por qué son tan valientes para reclamar la independencia de Canarias y no la del Sahara, para no enfadar a los marroquíes? ¿No será porque en Canarias disfrutan de una libertad que en Marruecos es sólo fantasía? Pero lo que sigue tiene menos desperdicio aún: si los saharahuis viesen frustrada su reclamación de independencia, ¡tendrían una autonomía amplísima!, pero nosotros los canarios no la tenemos porque nos domina otra nación. Osea, que Marruecos no domina el Sahara con mano de hierro, qué va, y su rey estaría contentísimo de poder otorgar a los saharahuis una autonomía como la que, pongamos por caso, disfruta hoy Canarias. Una vez más, mentiras y más mentiras. De verdad, señores, ¿a quién pretenden ustedes engañar?

Ah, por cierto, si alguien quiere empaparse sobre derecho marítimo internacional, le recomiendo esta página. Apuesto a que la encontrará muy interesante, incluyendo las razones por las que a Marruecos no le interesa armar mucha polvareda sobre su soberanía marítima y ¡oh, sorpresa! descubrir que es precisamente España quien, si así lo deseara, podría declarar su ZEE de facto sin tener en cuenta a Marruecos.

Ante los comentarios de El Día, mi mejor recomendación es: seamos críticos. Sólo así seremos libres de verdad.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Independencia = ¿Seguridad?

El Clark Kent de Santa Brígida sigue a lo suyo, contra viento y marea, y a la vez mareando la perdiz. Que para eso le han azuzado convenientemente y él, siempre obediente a la mano que sujeta la trahíla y le susurra al oído, cumple su parte con canina lealtad. Faltaría más, san Nicolás. O quizás debería decir San Roque, siempre acompañado del fiel perro que lamía sus pústulas.

El comentario de hoy, muy al estilo de los últimos a los que don José Rodríguez y su camarilla nos tienen acostumbrados (y martirizados), cubre distintos tópicos, casi todos reincidentes: que si los españoles fueron muy malos, que si la ONU nos hará libres por la cara (ya que, al parecer, la verdad no podrá hacerlo), que si una llamadita, nada sutil por cierto, hacia la desobediencia civil y la rebelión pacífica en el convencimiento de que la autoridad se lavará las manos y no hará nada para impedirlas (en este punto, lamentablemente, es muy posible que tenga razón) y por último, vuelta a machacar con lo del escáner para el puerto de Santa Cruz, con la insidiosa comparación con Las Palmas de por medio. Hasta aquí, nada nuevo.

Lo que de verdad llama esta vez la atención es el último párrafo, que es (por cierto) el único que tiene que ver en verdad con el título del comentario: No hay que jugar con el fuego marroquí. He aquí el texto:

Acabamos con una cuestión muy preocupante: la situación política, diplomática y nos atreveríamos a decir que hasta física entre España y Marruecos. Fuera de nuestra petición de independencia, no entramos en cuestiones que competen a otros países, como es el caso de los dos citados. No obstante, nos echamos las manos a la cabeza ante las temeridades que está cometiendo el Gobierno español, así como algunas personas que van por su cuenta al Sahara. Hay provocaciones que pueden encender al país magrebí, y si arde Marruecos, es posible que el fuego llegue a Canarias porque estamos en sus aguas jurisdiccionales y en su Zona Económica Exclusiva. Cuando seamos una nación soberana, estaremos a salvo. Mientras tanto, lo repetimos, no hay que jugar con fuego porque Marruecos se puede inflamar y quemarnos a todos.

A ver si lo entiendo, lumbrera: ¿tiene usted miedo de los marroquíes y de sus reacciones siendo como somos parte de un país soberano y miembro de la OTAN, y pretende hacernos creer que, en el caso de que se cumplan sus demenciales delirios, estaremos a salvo? ¿Así, sin más? ¿Y quién va entonces a disuadir a Marruecos de llevar a cabo sus mal disimuladas ansias expansionistas? ¿Quién y en nombre de qué le impediría engullirnos sin más, estando ahí mismo, puerta con puerta? ¿Harry Potter y su varita mágica? ¿El formidable ejército canario? ¿Su admirado Paulino Rivero, ese patriota camuflado? Pero ¿por qué clase de idiotas nos toma?

La táctica habitual: no nos metemos en cosas que competen a otros, sin embargo... Osea, que sí se meten. Y ojo, que el mensaje dirigido a los activistas que fueron a reclamar la libertad para el Sahara, no tiene desperdicio: No me molesten a los marroquíes, que nos puede pasar algo. Tiene santos bemoles que quien con tanto desparpajo predica la libertad para "su propio y oprimido pueblo", ese gran patriota, adalid de la libertad de los canarios sojuzgados, se arrugue de ese modo ante los atropellos (estos sí son reales) que sufren los saharahuis a manos del ocupante marroquí. Para ellos no hay libertad, ni derechos, ni denuncia, ni patria, ni independencia, ni nada, no sea que nos salpique. Incoherencia, lo llamarían algunos. Yo lo llamo cobardía.

Si hay algo que detesto hasta la saciedad es que me tomen por tonto. Y mucho peor: que me traten como tal. Pero claro: puesto que nadie pone a este buen señorde una vez en su sitio, el autoproclamado Denunciador Mayor de Canarias sigue adelante con sus desvaríos, que a cada día que pasa crecen como una bola de nieve ladera abajo. Y eso, la verdad, no me preocupa lo más mínimo. Sí me preocupa mucho, en cambio, que una sola persona de bien (o dos, tres, o las que sean) pueda llegar a creerse las sandeces que este señor vierte todos los días a puñados. Eso sí que me preocupa.