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lunes, 5 de marzo de 2012

Tres eran tres

Para los más maduritos, éste era el título de una serie de televisión dirigida por el inolvidable Jaime de Armiñán y protagonizada por Julieta Serrano, Emma Cohen y Amparo Soler Leal. También era el título de una película española de los años 50 que constaba de cuatro partes: una introducción y tres historias que versaban respectivamente sobre indios, monstruos y pandereta. Me ha parecido muy apropiado titular de este modo esta entrada, pues el comentario del santurrón (que no santo) apóstol de la libertad tiene hoy tres partes, tan distintas como disparatadas entre sí, y digo bien.

Una, la de monstruos. El incendiario, como es su costumbre, disfrazado de bombero:

Llevamos mucho tiempo advirtiendo de que de un momento a otro se va a producir un levantamiento violento de la población contra Paulino Rivero. Es algo que no deseamos porque siempre hemos dicho que repudiamos la violencia en todas sus formas. Nada, ni siquiera una causa justa, como es conseguir la independencia de Canarias o que el necio político que tenemos como presidente del Gobierno regional desaparezca para siempre de la escena política, justifica la violencia. Tampoco la justifican hechos tan graves como el hambre creciente de la población o la muerte de pacientes en las listas de espera sanitarias. (...) No justificamos la violencia, lo reiteramos, pero el hambre siempre ha sido muy mala consejera. Llega un momento en el que hasta los más pacíficos se hartan y se echan al monte; es decir, a la calle con el mechero en una mano y la lata de gasolina en la otra. Adelantamos desde ahora que si esas indeseables revueltas llegan a producirse, como se están produciendo en algunos países que todos tenemos en mente, los responsables de las mismas serán Paulino Rivero, su esposa Mena y todos los que forman su círculo de colaboradores; un cúmulo de gentuza política.

Segunda, la de pandereta. Singular elogio del complejo de inferioridad que, al parecer, deberemos sentir sin más los canarios en presencia de los peninsulares. ¡Bravo por el defensor de la canariedad!:

Paulino Rivero nos ridiculiza como canarios. Lo hacía cada vez que subía al estrado cuando fue congresista en las Cortes españolas. Cuánta vergüenza ajena nos hacía pasar cada vez que abría la boca. No sabía ni moverse, ni expresarse. Los canarios siempre han tenido dificultades para hablar y para expresarse con la labia que posee el peninsular, sobre todo si es godo, pero eso nunca nos ha impedido hacer un papel digno allá donde hemos ido. Los políticos peninsulares se expresan bien, aunque sus palabras muchas veces son engañosas. La misma vergüenza nos hace sentir actualmente Ana Oramas. Al igual que su jefe anteriormente, como acabamos de decir, cada vez que se dirige a la Cámara nos deja a todos a la altura del betún porque no sabe hablar. Sus palabras, políticamente torpes, nos definen como lo que somos a la vista de los peninsulares: unos indígenas que viven en un archipiélago allende los mares, cerca de otro continente que no es Europa sino África.

Tercera historia, la de indios. El cuerno de la abundancia que nos vendrá a las manos por arte de magia potagia y acabará con todos nuestros problemas en cuanto alcancemos la soñada libertad:

Europa está muchísimo mejor que España y este país, con todos sus problemas, todavía está por encima de Canarias, que es una colonia a la que sigue expoliando en gran parte porque este déspota político no ha hecho nada para conseguir la libertad de unas islas que, en el caso de ser una nación soberana y con su estado, estarían entre las más ricas del planeta. Es decir, volveríamos a ser las Islas Afortunadas. Si dispusiéramos de unos recursos que hoy se mama la Hacienda española, no tendríamos necesidad de mendigar en Bruselas las mismas limosnas que pedimos en Madrid. Dueños de nuestras vidas y destinos, disfrutaríamos permanentemente de un Estado del bienestar más absoluto.

Tres eran tres las tonterías de Gary Baldi. Próximo episodio: supuestamente, mañana.

domingo, 13 de noviembre de 2011

El (enésimo) cuento de la lechera

Érase que se era un juglar que gustaba de contar historias de países lejanos y tesoros escondidos, de héroes y villanos, de dragones y otros monstruos, de tiranos y de humildes, de conquistas y batallas, todo ello para solaz y diversión del pueblo llano. Las gentes de aquel reino escuchaban sus cuentos con simpatía, sabedores de que no eran sino el fruto de su pródiga imaginación. Y, al contemplar la atención que despertaba en aquellas sencillas gentes, el juglar comenzó a creerse sus propios relatos, hasta que un buen día ya no fue capaz de distinguir la fantasía de la realidad. Y entonces comenzó a insultar a los representantes del rey, a los que imaginaba esbirros de un oscuro y malvado poder, a despreciar a otros juglares que también cantaban para entretener al pueblo, a exclamar que su pequeña ciudad había sido una vez un reino libre poblado por gentes bondadosas, luego esclavizadas por un cruel invasor, y a afirmar que en algún lugar, en alguna casa antigua, en un olvidado arcón de recia y noble madera se escondía el Cuerno de la Abundancia, que haría ricos a todos sin necesidad de trabajar. Y se imaginaba a sí mismo como el Gran y Unico Juglar, en el nuevo y minúsculo reino que pretendía alcanzar con sus cantos, cada vez más histéricos y estridentes. En suma: se volvió loco.

Así escribe hoy nuestro juglar:
  • Difícil será, en efecto, conformar la nación canaria. O, mejor dicho, el Estado para darle poder a la nación canaria, que ya nuestra nación existe como tal desde el tiempo inmemorial de los guanches.
  • Esta tierra era de los guanches y hoy lo es de sus descendientes, que somos los canarios, y no de los españoles por mucho que lo diga (...) la Constitución española.
  • Y cuando llegue el momento de ser ese país soberano, de ser dueños de nuestro suelo, nuestro cielo y nuestro mar, de ser dueños de nuestros recursos (que son inmensos), todo el pueblo canario se sentirá orgulloso de su propia identidad.
  • CANARIAS será una república y desaparecerá el escudo con los perros rampantes lamiendo la corona de los Borbones. Un escudo indigno de un territorio africano donde habitan blancos cultos pero con su idiosincrasia.
  • CANARIAS tendrá su Constitución que será sometida a referéndum y votada. Una Constitución rígida para que no aparezca ni un corrupto, ni un delincuente político, (...). Esa Constitución recogerá las leyes adecuadas para asegurar la riqueza intrínseca de Canarias, que es indiscutible e indiscutida. Permitirá que nuestras poblaciones se embellezcan, se animen, consuman y creen riquezas. Luego estarán los estrategas para dictar leyes que aumenten estas riquezas derivadas de la inmejorable situación canaria en el Atlántico. Los puertos de Canarias son puertos forzados debido a la posición de nuestras Islas entre tres continentes. Seremos dueños, como decimos, de todas nuestras riquezas...
  • EL presidente del Gobierno de Canarias viajará en coche normal, pero no en helicóptero. El importe de sus altos vuelos se destinará a ayudar a los pobres y a crear las condiciones adecuadas para que prospere la riqueza.
  • CANARIAS tendrá como periódico de cabecera al diario más patriota de todo el Archipiélago: EL DÍA, junto con sus medios de comunicación audiovisuales. Y al decir audio no nos olvidamos de Radio EL DÍA, la gran infamia cometida contra esta casa por Paulino Rivero (...)
Sólo un apunte: si el presidente de esa república lejana, muy lejana, que imagina nuestro buen juglar tuviese que desplazarse de una isla a otra, habría que inventar el coche flotante. Supongo. Por lo demás, me remito a la fábula con la que he abierto este post. Feliz domingo.