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lunes, 25 de marzo de 2013

Saber perder

El manual del buen deportista (que es tanto como decir del buen caballero, aunque una cosa y la otra no vayan siempre de la mano) exige saber encajar las derrotas y, aun cuando te pueda la mala leche, felicitar al rival o, cuando menos, no despreciarle. La última edición de Premio Canarias de la Comunicación ha ido a parar a manos de Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca, colaborador y antaño director del tinerfeño Diario de Avisos. Por extraño que parezca, nuestro sin par mencey guanchófono no ha catado nunca semejantes mieles lo cual, imagino, hace que su sola mención le sepa como una cucharada sopera de wasabi. Tanto así que desde hace tiempo sostiene que dicho premio carece de validez mientras no le sea otorgado. Años atrás, fue propuesto para este mérito por el cabildo tinerfeño, pero no cuajó y fueron los trabajadores de RTVE-C y RNE-C los que se llevaron el galardón. Al menos entonces, el periódico azul tuvo la valentía de felicitarles, al tiempo, eso sí, que ponía en solfa la objetividad del jurado. En 2010, cuando aún no se habían abierto las hostilidades entre el poder y el observador popular de la avenida de Buenos Aires, el premiado era el periodista tinerfeño de origen gallego José A. Pardellas Casas.

Pero hoy el gran mencey anda peleado con Paulino Rivero, y las sospechas de pucherazo van más alla de la mera insinuación, pues como es sabido, los premios son cosa del Gobierno de Canarias, en quien recae la designación del jurado que los otorga. Otro motivo extra de cabreo caprino, supongo, es que dado el carácter rotatorio de los premios, no volverá a otorgarse en la modalidad de Comunicación hasta 2016. Y claro: crece el riesgo de que tamaño manchón en el Curriculum vitae de nuestro más insigne apóstol sea tan permanente como irremediable. Y lo último de lo último es que el premio haya ido a parar a alguien que no es ni por asomo santo de la devoción garybaldiana, como ya dejó bien clarito en una de sus más infames soflamas.

Por todo esto no me sorprende el comentario de hoy, en el que se repite la burda teoría conspirativa según la cual, sus enemigos (en este caso su enemigo) le privan de un premio que merece por decreto y que no sirve de nada mientras él no lo haya alcanzado. Sin olvidar un par de puyazos al vencedor:
  • El galardonado siempre mantuvo a su periódico en unas irrisorias cifras de difusión. Cuando por fin fue cesado como director -les costó convencerlo para que aceptara un cargo honorífico, del que luego también lo apearon-, la situación económica de su empresa era demoledora. (...) En definitiva, el jurado del Premio Canarias de Comunicación ha querido distinguir no al éxito sino al fracaso.
  • En el ámbito social se ha premiado a una persona popularcilla en el estricto círculo de los medios, pero desconocida para el ciudadano canario en general. Una persona que no se ha integrado en la sociedad isleña, en la que nunca ha sido relevante. Un señor que no sabe escribir -hemos detectado en sus artículos faltas de sintaxis que no cometería un bachiller- y que ignora cómo expresarse en forma periodística. Un profesional que no entiende a Canarias y a los canarios porque difícilmente puede entendernos quien nunca nos ha apreciado. Salvo error u omisión, no nos consta que este individuo pertenezca a ninguna institución relevante de Tenerife o de cualquier isla. Una persona, en definitiva, que ha vivido aislada de todo lo canario desde que llegó al Archipiélago. Un arribista que vino desde la metrópoli no para vivir como un canario entre iguales, sino para ejercer una autosuficiencia de poncio que le ha llevado a perseguir con saña, incluso en los tribunales, a quienes defendemos esta tierra.
Está todo dicho. No sobre el galardonado, claro, sino sobre el de siempre, que con su actitud se califica a sí mismo, sobradamente.

¡Buen Día! Update: Así responde hoy Leopoldo Fernández a su agresor:

Mi respeto asimismo para aquellos que discrepan del fallo del jurado; todas las opiniones son legítimas y merecen deferencia. No puedo decir lo mismo de quienes cuestionan mi trayectoria profesional y buen nombre a base de odio, rencor y descalificaciones falsas de toda falsedad. En todo caso, la sabiduría ciceroniana suele decir que mejor cosa es sufrir el insulto y padecer una injuria que hacerla uno, y a ese talante me acojo

miércoles, 9 de mayo de 2012

Vuelta a la xenofobia

Una de las maniobras más características de la caterva nacionalista es reclamar algo así como la pureza de sangre que antaño ostentaban orgullosos quienes aspiraban a dignidad o hidalguía en la vieja monarquía hispánica (es decir, la ausencia de ancestros moros o judíos). Sólo de este modo entienden algunos que es posible reclamar una identidad propia y diferenciada que, a su vez, sirve al propósito irrenunciable de la soberanía. Ahora bien, al entrar en este terreno pantanoso de sustrato movedizo, porque quien no tiene pasado real simplemente se lo inventa y ahí queda eso, se corre el riesgo evidente de incurrir en la xenofobia que, llevada al extremo, ha servido de excusa para las más atroces barbaridades jamás cometidas contra los propios congéneres. Así nacieron los pogromos de judíos, antesala del masivo exterminio que presenció el siglo pasado, así los enloquecidos hutus y tutsis se liaron a machetazos unos contra otros, o así hallaron justificación los milicianos serbios para violar y torturar a las desdichadas mujeres bosniomusulmanas que caían en sus garras. Entre otros muchos casos y ejemplos.

Por eso mismo me parece sencillamente espeluznante el párrafo que Ramón Moreno Castilla, uno de los más señalados pandileros al servicio del padresito Gary Baldi ha escrito en El Día y que su solícito benefactor, por su parte, cita en el comentario de hoy, haciendo gala de la habitual endogamia que caracteriza al periódico azul: cuando falta la inspiración (algo por demás bastante frecuente), nada mejor que comentar lo que escriben tus protegidos. No sé ustedes, a mí me puso los pelos de punta. Lean:

En otro de sus artículos, (...) Ramón Moreno desenmascara las maniobras centralistas del Gobierno español. "No se olvide -señala nuestro colaborador-, porque en esta tierra la memoria histórica es muy frágil, que en la descentralización española con el llamado proceso autonómico se nos metió de cabeza por el Artículo 149 de la Constitución española de 1978 y la correspondiente LOTRACA (Ley Orgánica de Transferencias Canarias), dado el pánico que le entró al Gobierno de UCD (...). Recuérdese que por esa época las Islas estaban en plena efervescencia independentista ante las alocuciones de La Voz de Canarias Libre desde Radio Argel, que dio lugar al execrable acto de terrorismo de Estado contra Cubillo, con las secuelas y los resultados de todos conocidos. Con el problema añadido de que las famosas transferencias de la infernal LOTRACA venían repletas de personal, pero sin ninguna asignación presupuestaria. O sea, España nos inundó de funcionarios godos que han hecho y siguen haciendo el papel de colonos, y ¡ni un duro! Y ese fue uno de los episodios más canallescos de nuestro periodo colonial, ya que, a partir de ahí, fue aumentando paulatinamente la población del Archipiélago, lo que ha significado una carga demográfica sobre el territorio absolutamente imposible de soportar. Y así hasta hoy en día, en que España nos ha metido un auténtico lumpen de españoles y europeos en general, así como un enorme contingente de indígenas sudamericanos, magrebíes, etcétera, y, en definitiva, un sinfín de nacionalidades que han ido diluyendo progresivamente las señas de identidad del pueblo canario, que es a fin de cuentas de lo que se trataba.

No soy experto en leyes, pero opino sinceramente que los fiscales deberían indagar si estas afirmaciones traspasan la barrera del delito. Ni más ni menos.

lunes, 5 de marzo de 2012

Tres eran tres

Para los más maduritos, éste era el título de una serie de televisión dirigida por el inolvidable Jaime de Armiñán y protagonizada por Julieta Serrano, Emma Cohen y Amparo Soler Leal. También era el título de una película española de los años 50 que constaba de cuatro partes: una introducción y tres historias que versaban respectivamente sobre indios, monstruos y pandereta. Me ha parecido muy apropiado titular de este modo esta entrada, pues el comentario del santurrón (que no santo) apóstol de la libertad tiene hoy tres partes, tan distintas como disparatadas entre sí, y digo bien.

Una, la de monstruos. El incendiario, como es su costumbre, disfrazado de bombero:

Llevamos mucho tiempo advirtiendo de que de un momento a otro se va a producir un levantamiento violento de la población contra Paulino Rivero. Es algo que no deseamos porque siempre hemos dicho que repudiamos la violencia en todas sus formas. Nada, ni siquiera una causa justa, como es conseguir la independencia de Canarias o que el necio político que tenemos como presidente del Gobierno regional desaparezca para siempre de la escena política, justifica la violencia. Tampoco la justifican hechos tan graves como el hambre creciente de la población o la muerte de pacientes en las listas de espera sanitarias. (...) No justificamos la violencia, lo reiteramos, pero el hambre siempre ha sido muy mala consejera. Llega un momento en el que hasta los más pacíficos se hartan y se echan al monte; es decir, a la calle con el mechero en una mano y la lata de gasolina en la otra. Adelantamos desde ahora que si esas indeseables revueltas llegan a producirse, como se están produciendo en algunos países que todos tenemos en mente, los responsables de las mismas serán Paulino Rivero, su esposa Mena y todos los que forman su círculo de colaboradores; un cúmulo de gentuza política.

Segunda, la de pandereta. Singular elogio del complejo de inferioridad que, al parecer, deberemos sentir sin más los canarios en presencia de los peninsulares. ¡Bravo por el defensor de la canariedad!:

Paulino Rivero nos ridiculiza como canarios. Lo hacía cada vez que subía al estrado cuando fue congresista en las Cortes españolas. Cuánta vergüenza ajena nos hacía pasar cada vez que abría la boca. No sabía ni moverse, ni expresarse. Los canarios siempre han tenido dificultades para hablar y para expresarse con la labia que posee el peninsular, sobre todo si es godo, pero eso nunca nos ha impedido hacer un papel digno allá donde hemos ido. Los políticos peninsulares se expresan bien, aunque sus palabras muchas veces son engañosas. La misma vergüenza nos hace sentir actualmente Ana Oramas. Al igual que su jefe anteriormente, como acabamos de decir, cada vez que se dirige a la Cámara nos deja a todos a la altura del betún porque no sabe hablar. Sus palabras, políticamente torpes, nos definen como lo que somos a la vista de los peninsulares: unos indígenas que viven en un archipiélago allende los mares, cerca de otro continente que no es Europa sino África.

Tercera historia, la de indios. El cuerno de la abundancia que nos vendrá a las manos por arte de magia potagia y acabará con todos nuestros problemas en cuanto alcancemos la soñada libertad:

Europa está muchísimo mejor que España y este país, con todos sus problemas, todavía está por encima de Canarias, que es una colonia a la que sigue expoliando en gran parte porque este déspota político no ha hecho nada para conseguir la libertad de unas islas que, en el caso de ser una nación soberana y con su estado, estarían entre las más ricas del planeta. Es decir, volveríamos a ser las Islas Afortunadas. Si dispusiéramos de unos recursos que hoy se mama la Hacienda española, no tendríamos necesidad de mendigar en Bruselas las mismas limosnas que pedimos en Madrid. Dueños de nuestras vidas y destinos, disfrutaríamos permanentemente de un Estado del bienestar más absoluto.

Tres eran tres las tonterías de Gary Baldi. Próximo episodio: supuestamente, mañana.

jueves, 26 de enero de 2012

Vuelve la xenofobia

Sólo que esta vez no va dirigida contra los seres humanos que arriban en pateras a las islas, sino contra una sola persona, a quien Gary Baldi no le perdona (ni jamás lo hará) que, juez mediante, le obligase a hincarse de hinojos y publicar la debida rectificación tras los desvaríos escritos al dictado del prócer de la avenida de Buenos Aires sobre charros y mariachis:

Pero sigue [Paulino Rivero] agarrado a la poltrona por consejo de la goda política que lo dirige. Esta es la realidad: Canarias está en manos de una goda.

Ya no es Carmen Polo, ni Elena Ceaucescu, sino una goda. Con y sin el político por delante.

En una palabra: hiede.